martes, octubre 07, 2008

La güemización de la sanidad madrileña

A estas horas, Güemes debe de pensar cuál será su próxima bronca en un hospital madrileño. Coincidirá con cualquiera de sus visitas, porque todas se saldan con cacerolada y abucheos, a las que el consejero contesta con risotadas altivas y ademanes soberbios.

Es curioso, al menos en la tele, Juan José Güemes no parece un consejero de salud de una comunidad autónoma. No lo veo yo preocupado por el catarro de la ancianita, o por la angina de pecho del currante. Más bien, se lo imagina uno trabajando en un banco de inversión o correteando por los consultorías del Barrio Salamanca. Encarna aquel icono, ya borroso, del JASP de los años 90: Joven Aunque Sobradamente Prepotente.

En sus manos, tal vez, los hospitales no sean más que oxidadas empresas públicas que conviene trocear y vender al mejor postor. O al postor mejor, y más cercano. La ruina de lo público, convertida en negocio privado, es una forma rápida y legal de hacer caja. El dinero, directamente del contribuyente al empresario de turno, amigastro, compañero de hándicap, o padre de los amigos de tus hijos.

La trampa se la inventó Thatcher, allá por los años 80: destruye lo público, y luego utiliza su desastre como evidencia de que no funciona, para así justificar su venta. Eso sí, los neoliberales que llegan al Gobierno, y dicen que el gestor privado es mejor que el gestor público, nunca explican por qué ellos mismos no están trabajando en la empresa privada.

Ahora resulta que los pacientes sin cama, las camas sin habitación -en los pasillos-, las listas de espera, los profesionales desanimados, y, en definitiva, el paisaje propio de una película como Mad Max, que se vive en cualquiera de los hospitales de la CAM, no es responsabilidad del consejero, sino una coartada para eludir su propia responsabilidad.

Güemes es, además, una originalidad de la derecha española: tiene las recetas ya desfasadas del yupi impenitente con nuestros catarros y debilidades sociales, y los gruesos modales de su suegro, Carlos Fabra. La güemización es un estilo, un sello personal, que se ha hecho un hueco a la sombra de Esperanza Aguirre. Ahí es nada.

Hace unos días, tan chulo él, tan perdonavidas, al parecer le espetó a un sindicalista que con sus sueldos de liberado, se hacía un hospital. No sé si el sindicalista tuvo reflejos para contestarle que, con sus sueldos no, pero con el patrimonio que atesora el presidente de la Diputación de Castellón, tal vez.

Artículo original en El Plural