martes, octubre 21, 2008

Más política para el mundo

La crisis económica ha exigido más política. Frente a la doctrina de la desregulación globalizada, ahora se impone la receta de la globalización de las reglas. Puede ser que nos hayamos dado cuenta de que, como decía Ralf Dahrendorf (nada sospechoso de socialismo), la libertad no puede equivaler a la impunidad ni a la pérdida de las responsabilidades cívicas o políticas que generaría un “mundo desbocado”.

Y, en esa línea, puede que esta crisis sea el primer paso hacia la creación de un espacio político mundial. Un espacio, me refiero, sustantivo y normativo: gobernado por las mismas reglas de juego, cuyo cumplimiento esté garantizado por instituciones comunes. ¿Ideal kantiano? Más bien, solución pragmática. Tarde o temprano, la Conquista del Oeste en la que había degenerado la fusión de los mercados financieros tenía que explotar por algún lado.

Pero para crear un espacio económico garantista, no basta con dineros superlativos ni reuniones en las alturas. Hay que pasar a la acción y crear toda una arquitectura institucional nueva, que entierre al FMI y al Banco Mundial, y acceda a la participación de otros países. Se debe poner fin al desajuste entre un mercado económico globalizado, y unos entes reguladores regionales y, por tanto, esquivables.

Ahora que hemos pasado del “¡desconfiad del Estado!” neoliberal, al “¡más Estado!” de nuestros días, tenemos una magnífica oportunidad para restituir el valor de lo público, como garantía de la libertad, frente a quienes entienden la libertad como poder (económico) no regulado ni limitado.

Por eso va a ganar Obama, y por eso puede ganar Gordon Brown. Esta crisis tiene sustrato ideológico, aunque a la derecha le moleste y trate de situarnos en el fin de la historia cada dos por tres.

Y por eso, la Unión Europea, que avanza históricamente a golpe de crisis, podría pegar un estirón y alcanzar la mayoría de edad. Esta crisis, recuerdo, también es la crisis de los euroescépticos y cómplices, que no son quienes pensamos, sino aquellos “Business men” que se quisieron una UE mínima en sus principios, y máxima en su extensión.

Sin una voz política fuerte en un mundo polarizado por EE.UU. y el gigante chino, los europeos seremos un apéndice del nuevo orden que, en pocas semanas, va a cambiar el rumbo de nuestra historia.

Artículo original en El Plural

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