domingo, abril 08, 2007

El jefe de todo esto

Esta semana va de cine. Normalmente no me gustan demasiado las pelis de Lars Von Trier. El cine dogma está muy bien para gafapásticos empedernidos y aspirantes a críticos en la Guía del Ocio. Mi cine es, normalmente, otro más depurado de experimentaciones que me sé de memoria.

Sin embargo, El jefe de todo esto me ha gustado. Imaginaos una empresa en la que el propietario va de incógnito, se hace pasar por un simple encargado y remite las decisiones difíciles a un supuesto director (el jefe de todo esto) que, a la postre, vive en USA sin tiempo para visitar sus filiales. Es, por supuesto, una invención. Pero llega un momento en el que el propietario incógnito decide vender la empresa y echar a todos los empleados. Necesita escenificar toda la operación, y para ello contrata a un actor que hará de director, ya real, ya encarnado y regresado de USA. Y ahí se monta el lío que impulsa la comedia, entre el absurdo, el esperpento y el enredo.

Y entre el enredo, se va tejiendo una reflexión acerca del poder, que en la era de la globalización es virtual, deslocalizado, ubicuo; acerca de la representación del poder (¿el poder se tiene o se escenifica?); acerca de la delegación del poder (¿se presta, se hurta, se transacciona?); acerca, en definitiva, del teatro de la vida. El jefe de todo esto es una parábola acertada, por momentos estridente y gamberra, pero al menos, capaz de conducirte por meandros insospechados.

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