sábado, julio 07, 2007

Rajoy, la guerra de las metáforas

Rajoy compareció en el Debate del Estado de la Nación con un objetivo claro: imponer en la opinión pública la construcción política en torno a la cual ha basado, basa y basará toda su estrategia de oposición. Parece que el sociólogo Pedro Arriola, no sólo asesor sino ideólogo de Rajoy, aplica al milímetro las recetas neocon descritas por Lakoff sobre el discurso político: gana quien impone el marco, quien logra que el adversario primero entre y luego claudique dentro de tu discurso, de tus planteamientos.

Si los marcos, como advierte el lingüista Lakoff, son metáforas y evocan, sin necesidad de describirlos, razonamientos enteros, la metáfora de Rajoy estaba clara. La ya célebre frase «Señor presidente del Gobierno, o nos muestra las actas que prueban su inocencia en las reuniones con ETA o toma el camino de la Zarzuela» presupone varias cosas: La primera, que existen unas actas malignas y misteriosas, ocultas por el pérfido presidente que contienen la verdad que éste no se atreve a revelar.

La segunda, que Zapatero es culpable, y tiene que demostrar su inocencia. Pero, ¿culpable de qué? Rajoy, asesorado por Arriola, sabe que en un país de base católica la atribución de la culpabilidad precede a la confesión. Es decir: todo el mundo es pecador hasta que confiese, y de esta manera expíe, sus pecados. Zapatero es y será culpable hasta que enseñe sus actas y, de esta manera, se demuestre inocente, al contrario de como procede el sistema judicial en todo Occidente, donde es la acusación la que tiene que probar la culpabilidad del acusado. El efecto en la psicología social es que se culpa a Zapatero para el futuro: el presidente será el culpable de los muertos de la banda ETA. ¿De qué, si no, tendría que demostrar su “inocencia”?.

Por último, la frase encierra una tercera idea: que fue el presidente Zapatero el que se reunió con ETA personalmente. Es cierto que todo el mundo sabe que esto no ha sido así. Pero la segunda parte de la frase, “en las reuniones con ETA”, trabajan con la metáfora de la presencia casi personal del presidente en dichos encuentros y el efecto resultante es el de una vinculación directa de éste en el proceso.

Si esta fórmula le ha funcionado al PP durante todos estos meses y había debilitado a Zapatero ante la opinión pública, ¿por qué perdió tan claramente Rajoy el debate? En primer lugar, por los 2.500 Euros, y en segundo, por las réplicas.

Los 2.500 provocaron tres efectos. En primer lugar, el presidente metió a los ciudadanos, de golpe, en el hemiciclo. En segundo lugar, los 2.500 fueron la cuña con la que hacer pasar por bueno el discurso de la bonanza económica –que por sí solo no hubiese tenido recorrido, por autocomplaciente, por quedarse en la frialdad de la macroeconomía, pero funciona a la perfección cuando se traslada a la microeconomía del bienestar puesto que, si vamos bien, ¿por qué no ser generosos con la gente? En tercer lugar, Zapatero se ganó, frente al previsible Rajoy, el titular de la mañana.

Se trataba de una medida populista –y muy del gusto de la derecha, por tanto, difícil de criticar por Rajoy- que generaba una polémica de segundo nivel: si ése era el escenario adecuado para presentarla. Pero esa polémica de segundo nivel provocó el efecto buscado por el presidente: ganar la agenda mediática. Cuanto más se la criticaba, más publicidad se le daba a una medida de hondo calado ciudadano. Hoy, ayer y antes de ayer, se habló más de los 2.500 que de las actas. Los telediarios de la noche abrieron desde los hospitales, entrevistando a las primeras madres beneficiadas por la medida.

En segundo lugar, Zapatero ganó por las réplicas. Con un contexto favorable, creado por él con esa medida, Zapatero podía imponer su marco: que el PP sólo hace oposición con el terrorismo olvidando el resto de temas -no ofrece alternativa-; que hacer oposición con la política al terrorismo es hacer oposición no al gobierno, sino al Estado –por tanto, Rajoy no es un hombre de Estado-; que Rajoy sólo sabe hacer oposición faltando el respeto –por tanto, pertenece a la derecha extrema-; que Rajoy critica lo que su propio partido hace, con los estatutos de Autonomía, por ejemplo –luego Rajoy no tiene autoridad en el PP-; que a Rajoy le salen aspirantes por todos lados –luego Rajoy está cuestionado en su propio partido.

En este debate Zapatero le ha ganado a Rajoy. Y José Andrés Torres Mora, Miguel Barroso y su equipo han vencido a Pedro Arriola, José María Lasalle y compañía.

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martes, junio 19, 2007

La izquierda, en mediática minoría

ANTONIO ASENCIO

Si las elecciones generales son finalmente en marzo de 2008, nos quedan por delante diez meses. El PP encarará el dictamen de las urnas con la misma cabeza visible que le hizo perder en 2004. Rajoy, escoltado por Acebes y Zaplana, repetirá foto fija buscando el desquite. Esto es importante porque es en ese aceite hirviendo de la revancha donde el PP ha echado su huevo de la discordia a freír. El resultado ha sido una base social activada y movilizada frente a un Gobierno desbordado en la comunicación de su política.

Con un cartel chamuscado por la gestión del 11-M, Rajoy sólo podía cifrar sus esperanzas electorales en un atentado de ETA. Era una inversión improbable, pero más rentable que erigirse a sí mismo como término de la comparación con Zapatero: si se olvidaba de su figura, de su política, de su alternativa –incapaz de vencer al presidente-, y convertía la política antiterrorista en el termómetro de medición con el que la opinión pública evaluaría a Zapatero, cualquier atentado de la banda estaría llamado a socavar al Gobierno.

Papel de la oposición
La trampa está en que la política antiterrorista no la hace el Gobierno en solitario, sino que precisa del apoyo y la lealtad de la oposición. El PP ha subvertido esta norma para no dejar margen de actuación al Ejecutivo y luego culpar exclusivamente al Gobierno de cualquier atentado. Si puedes poner la zancadilla y luego acusar al que se cae de torpe, ¿por qué no hacerlo?

ETA como foco de atención único
Durante estos tres años, Rajoy ha ejecutado de manera implacable su tarea de títere portavoz de una táctica mediática: silenciar cualquier otro aspecto de la política del Gobierno fuera de ETA, minimizando los notables éxitos económicos o sociales. La selectividad de la información es el primer paso para la construcción social de la realidad. El segundo paso es moralizar la información: “Una vez que se ha tomado la desviación que conduce a la moral, todo acontece de por sí, sobre patines”, afirma Niklas Luhmann. “Debe haber ángeles caídos para que se multipliquen los demonios”, señala Jean Paul.

Una pregunta absurda
Rajoy le dijo a Zaplana en el Congreso que “tenía una pregunta absurda” que hacer, tras haberse pactado una tregua entre grandes partidos para no hablar de ETA. No es que los problemas de los jóvenes, de la vivienda o la especulación le parezcan absurdos a Rajoy. Sencillamente, hablar de estos temas es entrar en el debate que favorece a los socialistas y abandonar el eje en el que el PP se sitúa vencedor: sus temas nacionales y el terrorismo. “No hables con el lenguaje de tu adversario”, advierte George Lakoff en ‘No pienses en un elefante’.

Frente mediático
Lakoff nos dice que pensamos con marcos y que quien impone su marco, gana el debate. Pero de entrada, el PP ha entendido algo más importante: que en la actualidad las elecciones no se ganan en el Parlamento, sino en los medios. Es allí donde tienen una ventaja insalvable. En el Parlamento, el PP cuenta con 148 escaños, y el PSOE con 164. En la esfera informativa, hay mayoría absoluta de medios afines a Rajoy. Juega allí y vencerás. Era sencillo, sólo había que llevarlo a la práctica.

Flota de satélites
Entonces, estamos ante una realidad a largo plazo. La debilidad estructural de la izquierda, que sólo cuenta con un grupo mediático ¿afín? Una flaqueza que es aún mayor si a la prensa conservadora le sumamos la flota de satélites sociales creados tácticamente por el PP: FAES, GEES, Foros de la Familia, de Ermua, Basta Ya, AVT, Peones negros. ¿Cuánta gente hay a sueldo agitando conciencias? Una flota, por cierto, que se aprestó, siguiendo las recetas del agit-prop neocon norteamericano, a lanzarse a Internet. La prueba la tienen ustedes en los comentarios que este artículo recibe inmediatamente abajo. Y así andamos por estos lares, en franca minoría.

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